La placa de inducción Metro Professional GIC3135 dejó de funcionar por completo: sin pitidos, sin display, sin nada. Una mañana con el tester y el osciloscopio, desoldando componentes uno a uno sin encontrar nada roto. Al final el culpable era un fusible térmico de 254°C pegado al cristal por debajo, invisible a menos que sepas buscarlo. Una pieza de menos de un euro.
01 — El síntoma: muerta del todo
La placa conectaba a la red y no hacía absolutamente nada. Sin pitido de arranque, sin display, sin LED de encendido. Como si no hubiera corriente. Pero con el tester había tensión en el enchufe y continuidad hasta la placa.
02 — Diagnóstico: una mañana de tester y osciloscopio
Con el osciloscopio confirmé que los 220V AC llegaban perfectamente a la placa. El problema estaba en algún punto antes de que la fuente de alimentación convirtiera esos 220V a los 5V DC que alimentan el microcontrolador. Sin esos 5V, la placa no arrancaba.
Empecé por lo más probable: el fusible de red convencional que hay en la placa, claramente visible arriba a la derecha (marcado 250V/15A/16A/20A). Bien. Seguí midiendo continuidad por el circuito de entrada, desoldando diodos del puente rectificador y probándolos uno a uno fuera de la placa. Todos bien. Condensadores, resistencias de la fuente... todo medía correctamente.
En un momento de desesperación le escribí al servicio técnico de Metro pidiendo el esquema eléctrico de la placa. Nunca respondieron. Eso dice bastante de esta marca.
Después de un buen rato revisando componentes sin encontrar nada, me puse a trazar el circuito de entrada manualmente desde los conectores. Y ahí estaba: un conector azul de 3 pines en la esquina inferior derecha de la placa de control, con solo 2 pines usados, que salía de la placa y se perdía bajo el cristal vitrocerámica.
03 — El culpable: el fusible térmico
Al final del cable que va a ese conector azul, pegado al cristal por la parte de abajo, hay un fusible térmico axial. Tiene el mismo aspecto que un diodo pequeño — cuerpo cilíndrico metálico, dos patillas — pero su función es cortar el circuito si la temperatura supera un valor determinado. Está en serie con la alimentación: si se abre, la placa queda sin corriente. Completamente muerta. Sin ninguna indicación de que ha actuado.
El problema al sustituirlo es que el original no tenía marcado legible el valor de temperatura de disparo. Sin el esquema del fabricante (que nunca llegó), solo quedaba una opción: ir probando valores.
Empecé por valores conservadores, 150°C y 180°C — la placa arrancaba pero el fusible saltaba en cuanto cogía temperatura de trabajo. Subí a 200°C, luego 216°C... lo mismo. Cada intento significaba fundir el fusible, desoldarlo, soldar otro. Al final, con 254°C la placa funciona perfectamente en uso normal sin que el fusible actúe. Ese es el valor correcto para este modelo.
04 — La causa: olla seca y calor extremo
Una vez reparada, la causa quedó clara. Mi mujer había dejado una olla con agua hirviendo sobre la placa. El agua se evaporó por completo. La olla, sin contenido que absorba el calor, se calentó hasta temperaturas muy superiores a las normales de cocción. Ese calor condujo a través del cristal hasta el fusible térmico, que hizo exactamente lo que tenía que hacer: cortar el circuito para evitar un incendio.
Junto con el fusible, algunas juntas de goma internas quedaron deformadas por el calor. Nada estructural, pero es señal de que la temperatura llegó a niveles serios. Menos mal que el fusible aguantó — si no lo hubiera hecho, el daño habría sido mucho mayor.
Moraleja: el fusible térmico no es un componente decorativo. Está ahí por una razón. Cuando lo sustituyas, pon uno del mismo valor o muy próximo — ni más bajo (saltará en uso normal) ni significativamente más alto (dejarás la placa sin protección ante sobretemperatura).
05 — La reparación: soldar sin matar el fusible
El mayor riesgo al sustituir un fusible térmico es fundirlo con el calor del soldador mientras lo estás soldando. Si el fusible es de 254°C y tu soldador está a 350°C, tienes muy poco margen de tiempo antes de que el calor conduzca por las patillas y abra el fusible antes de que esté siquiera instalado.
La técnica para minimizar ese riesgo:
- Flux de calidad. Un buen flux reduce la temperatura necesaria para que el estaño fluya y moje bien la junta. Con flux malo necesitas más temperatura y más tiempo — exactamente lo contrario de lo que quieres.
- Pasta de estaño con punto de fusión bajo. La pasta de estaño tipo 63/37 o las pastas con bajo punto de fusión (160-180°C) frente a los 230-280°C del estaño de plomo normal. Con menos temperatura necesaria, el fusible recibe menos calor.
- Mucha temperatura, muy poco tiempo. Parece contradictorio, pero es la clave: un soldador bien caliente transfiere el calor justo a la punta de la patilla en fracciones de segundo, el estaño fluye y retiras. Un soldador frío requiere tiempo de contacto — ese tiempo es lo que mata el componente. Toca, fluye, retira.
- Disipador de calor en la patilla. Si tienes una pinza de cocodrilo o un clip metálico, ponlo en la patilla entre el cuerpo del fusible y el punto de soldadura. Actúa como radiador y absorbe parte del calor antes de que llegue al cuerpo.
El fusible térmico de 254°C lo encontré en AliExpress buscando "thermal fuse 254C axial" — vienen en packs de 10 por menos de un euro. Vale la pena comprar varios porque, como en mi caso, puede que tengas que probar alguno antes de dar con el valor correcto.